Claudio Fernández

Buenos Aires, 08/09/1955

Su temprana inclinación a lo artístico lo llevó a estudiar teatro en la Escuela Municipal de Arte Dramático  y Danza, en el Taller de Danza del Teatro San Martín. Ha desarrollado actividades en estas áreas en Bogotá y Buenos Aires.

Claudio Fernández nació en Buenos Aires (Argentina) el 8 de septiembre de 1955. Desde pequeño tuvo inclinaciones artísticas desarrolladas a través del estudio de la guitarra y danzas folclóricas. Al salir del secundario ingreso a la Facultad de Derecho, tarea que compartió con el estudio de teatro, actividad  que inclino la balanza para luego cristalizarla como su profesión. Estudió teatro en la Escuela Municipal de Arte Dramático  y Danza, en el Taller de Danza del Teatro San Martín. A los 32 años inicia un viaje por América Latina como mochilero, tomando contacto con la diversidad cultural del continente que enriquecen su percepción del mundo. A partir de ese viaje se radica en Colombia, donde desarrolla distintas actividades en el campo de  la actuación y como profesor de danzas. En el año 2001 conoce a Gerardo Schmedling, lo que significó un cambio sustancial en su vida. Actualmente vive en Buenos Aires.



Quizás el destino ofrezca la explicación más sincera para describir el encuentro con Gerardo Schmedling, mi maestro de transformación. Una tarde, caminando cerca de donde yo residía en Bogotá, observé un grupo de personas que hablaban en la puerta de una casa. La curiosidad de preguntar y la contestación precisa me permitieron, ante mi asombro, abrir una ventana hacia un universo totalmente nuevo y desconocido.        

Gerardo explicaba de forma sencilla lo que para mí es el corazón de su propuesta:  el planeta Tierra es una escuela del Universo en plena evolución de conciencia, regida  por leyes universales que interactúan con nosotros a través de infinitos procesos. Partiendo de este enunciado y teniendo en cuenta que el desarrollo del Universo responde a un orden, planteaba la siguiente premisa: ¿qué pasaría si además de la materia y su organización, y del funcionamiento del Universo, también la sociedad humana y sus diferentes organizaciones estuvieran regidos no por el azar o el capricho de los seres humanos, sino por leyes superiores que actúan sobre nosotros a través de una vasta red de interacción de leyes y procesos que regulan la organización y el crecimiento social y personal, y su relación con el Universo?

Tengo que admitir como individuo que transitar un camino que parte de la aceptación de un orden superior promueve una nueva visión, al estimular percepciones que amplían el horizonte de manera exponencial. Lograr despojarse del sentimiento de ser una pieza suelta en el Universo impulsa a redimensionar el sentido de la vida y cómo participar en ella. Es un gran desafío entender que las situaciones, las personas y las cosas que simultáneamente interactúan en nuestra experiencia cotidiana son perfectas y cumplen una función.

¿Se podrá elevar la mirada para relacionarse con las instancias visibles y no visibles  del orden del Universo? ¿Existirá la posibilidad de comprender que  nuestro diseño corporal, emocional y mental tiene una función, una misión y nada está librado al azar? Mientras el hombre actual se dedica a luchar para sobrevivir en un sistema sustentado en falsos conceptos y creencias, el mundo real sigue hermoso y creativo al ritmo perfecto de los procesos de la vida. No se trata de volver a los valores del pasado, sino de cimentar una nueva actitud mental alejada de la autodestrucción y de los mensajes apocalípticos.

 Cómo descubrir al ser a través de lo humano y usufructuar de ambas instancias, con alegría y amor. La gran tarea estará orientada a trascender la visión individualista que nos domina, para relacionarnos desde el amor e intentar gestar un lenguaje que potencie nuestra capacidad como individuos y como sociedad. No se puede alcanzar la luz si no se  experimentan los colores que la componen. Debo admitir que aceptar la existencia de un orden superior regido por leyes me produjo un cambio sustancial en la manera de transitar  y asumir mi vida. Concebir la Tierra como escuela espiritual en plena evolución de conciencia para lograr convertirnos en habitantes armónicos del Universo es el punto de partida para enhebrar conceptos y lucubraciones que impulsan este material.

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